La sequía ha terminado y la espera ha merecido la pena. Final de campanillas en el cuadro femenino con una dupla instalada en el éxito pero sin integrantes nuevos en su vitrina desde hace muchos meses y otra que quiere, cuanto menos, molestar y robar todos los entorchados posibles.

Gemma Triay y Delfi Brea se medían a Ari Sánchez y Andrea Ustero, imbatidas durante la pretemporada (en la Hexagon Cup) y conquistadoras del primer torneo de la temporada, y claras rivales en lo que llevamos de 2026, pues son la dupla que más contratiempos les han provocado.

Y en ese duelo de estilos, de estados de ánimo y de juego, maratón total, entrega sin descanso, mente fría pero muñeca caliente punto tras punto, minuto tras minuto, hora tras hora, así hasta más de tres, porque ninguna de las cuatro regaló nada.
Un partido precioso, de los que hacen afición, de los que hay que guardar en la hemeroteca y ver varias veces, porque con una sola nos perdemos algún detalle, ya que fue un tira y afloja constante en el que no hubo diferencias, sólo en el tercer parcial donde ya el físico era nulo y solo se jugaba por intuición, por instinto, y las ganas de Gemma y Delfi fueron mayores, con Ari y Andrea secas en el tanque de gasolina.
Empezaron sin guardarse nada y derrochando calidad, fuego aéreo constante, golpeando primero las nº1, que querían cortar la sequía que traían desde el pasado mes de octubre en Roterdam. Un primer set que quedó decidido por los breaks, dos para las líderes del ranking (de tres que tuvieron) por uno para las catalanas, que compensaron todo con una Ustero que soltaba el brazo sin oposición ni remordimientos (consiguiendo entre las dos un total de 10 remates por 4 de las chicas de Seba Nerone). Eso dejó un 6-4 de entrada que sería un pequeño avance de lo que estaba por venir.

El segundo parcial, en el que Ustero y Sánchez lograron empatar tras irse al tie break, fue todo un derroche en ataque con pequeñas pinceladas de control en defensa, hecho que queda demostrado por los 12 breaks que se pudieron ver pero que quedaron reducidos a uno para cada dupla y aunque Ari y Andrea siguieron acumulando muchos más errores no forzados (esta vez 25 por 17 del binomio hispanoargentino), la suerte les favoreció ligeramente (6-7).

En el tercero, como decíamos, el tanque se secó para todas, más para las las chicas de Ángel González, quienes no supieron aprovechar la debilidad física de Delfi (llevaba toda la semana enferma y sin apenas salir de la cama más que para jugar) y cuando lo tenían a favor, se atascaron; aguantaron hasta el 4-3 pero ahí las fuerzas flaquearon del todo y se entregaron al disfrute de la de Mahón y la argentina, quien con la última bola, el punto que les daba el título tras cinco finales perdidas, rompió a llorar, liberando toda la tensión acumulada y la presión propia y ajena (6-4, 6-7 y 6-3). Un abrazo muy sentido con su compañera y con su familia, para volver a tachar en su hoja de ruta un torneo, justo donde hace un año ganó. Las nº1 vuelven por la puerta grande, sufriendo y sabiendo que tienen mucho trabajo por delante pero, de nuevo, tocando metal.






