21 de abril de 2026
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El hombro en el pádel: por qué el «ya pasará» convierte una tendinitis en una lesión crónica

El hombro es la articulación que más silenciosamente se deteriora en el jugador de pádel aficionado. Para entender por qué, y sobre todo para saber cuándo hay que dejar de ignorarlo, hemos hablado con Alejandra Oller, especializada en fisioterapia deportiva y parte del equipo de la clínica FisioAct de Barcelona.

Hay una historia que se repite semana tras semana en la consulta. Un jugador de pádel aficionado, hombre o mujer de entre 35 y 50 años, lleva tres o cuatro meses con dolor en el hombro. Empieza a molestar al hacer el smash. Después al sacar. Después al levantar el brazo para coger algo de una estantería. Después al dormir sobre ese lado.

En algún momento del camino decidió que ya pasaría. Dejó de jugar dos semanas. Mejoró. Volvió. Recayó. Repitió el ciclo dos o tres veces. Y ahora está en la consulta porque el dolor ya no desaparece con el reposo.

Este patrón tiene un nombre clínico: tendinopatía crónica del manguito rotador. Y tiene una causa muy concreta: el tiempo que pasó entre la primera señal y el primer tratamiento.

Artículo lesión de hombro en pádel 2026

Por qué el hombro es tan vulnerable en el pádel

El pádel exige al hombro movimientos repetitivos por encima de la cabeza (el smash, la bandeja, el globo defensivo) combinados con aceleraciones y deceleraciones bruscas del brazo en los golpeos de fondo. Esta combinación sobrecarga de forma específica el manguito rotador: el conjunto de cuatro músculos y sus tendones que estabilizan la cabeza del húmero dentro de la articulación.

El problema no es el smash en sí. El problema es hacer cientos de smashes por sesión durante meses con un manguito que nunca ha recibido trabajo específico, que puede estar ya en proceso de degeneración subclínica (sin dolor todavía) y que un día recibe un impacto de más y pasa el umbral.

En la práctica clínica, las lesiones de hombro más frecuentes en jugadores de pádel aficionados son tres:

Tendinopatía del supraespinoso. Es la más prevalente. Aparece como dolor al elevar el brazo lateralmente, especialmente entre los 60 y 120 grados de elevación —el llamado «arco doloroso»—. El dolor puede ser difuso al principio y localizarse progresivamente en la parte anterior o lateral del hombro.

Síndrome de pinzamiento subacromial. El tendón del supraespinoso queda comprimido bajo el arco acromial durante los movimientos por encima de la cabeza. Es especialmente frecuente en jugadores que llevan muchos años con el mismo gesto deportivo sin ningún trabajo de movilidad ni fortalecimiento.

Inestabilidad glenohumeral. Menos frecuente pero más limitante. La articulación del hombro pierde estabilidad dinámica y aparece una sensación de «suelta» o de falta de control del brazo en los golpeos potentes. Suele ser la consecuencia de no haber tratado adecuadamente episodios previos de dolor o de microtraumatismos repetidos no gestionados.

El problema no es el dolor, es lo que haces con él

El dolor de hombro en el pádel tiene una característica que lo hace especialmente traicionero: responde bien al reposo. En la fase aguda, dejar de jugar dos semanas reduce la inflamación, el dolor disminuye, y el jugador interpreta que se ha curado. Esa interpretación es el error.

Lo que ha ocurrido es que el estímulo doloroso ha bajado de intensidad, pero la causa estructural (el tendón sobrecargado, degenerado o mal adaptado) sigue exactamente igual. En cuanto se retoma la actividad con la misma carga, el ciclo se repite. Y cada vez que se repite, la ventana de recuperación espontánea se estrecha.

La diferencia entre una tendinopatía aguda y una tendinopatía crónica no es solo de tiempo: es de estructura del tejido. En la fase crónica, el tendón ha sufrido cambios degenerativos que no revierten con reposo. Necesitan un programa de carga progresiva y controlada (lo que en fisioterapia llamamos ejercicio excéntrico y isométrico orientado al tendón) para estimular la reorganización del colágeno y recuperar la capacidad funcional del tejido.

El reposo, a partir de cierto punto, no es parte del tratamiento. Es parte del problema.

Señales de que tu hombro necesita valoración profesional

No todo dolor de hombro requiere fisioterapia inmediata. Pero hay señales que indican que la lesión ha entrado en una dinámica que no se va a resolver sola:

  • El dolor lleva más de 4-6 semanas, aunque no sea muy intenso.
  • Hay recaída sistemática al retomar el juego después de un período de descanso.
  • El dolor aparece en actividades cotidianas: levantar el brazo, vestirse, dormir del lado afectado.
  • Hay sensación de pérdida de fuerza en el brazo al hacer el smash o al cargar peso.
  • Existe dolor nocturno que interrumpe el sueño o dificulta descansar.

Cualquiera de estas señales, especialmente si se combinan, indica que el tendón o las estructuras periarticulares han alcanzado un estado que necesita evaluación clínica para descartar roturas parciales, bursitis crónica o compromiso del tendón de la cabeza larga del bíceps, que pueden asociarse a la tendinopatía del supraespinoso.

Qué hace la fisioterapia que el reposo no hace

La fisioterapia del hombro no consiste en dar calor y hacer cuatro ejercicios con una goma. En un proceso bien planteado, hay varias fases con objetivos distintos.

En la fase inicial, el objetivo es reducir la irritabilidad del tejido y restaurar el rango de movimiento libre de dolor. Se trabaja con terapia manual, movilización articular y, en algunos casos, técnicas como la punción seca para abordar puntos gatillo en la musculatura periarticular que mantienen activo el ciclo de dolor.

Una vez que el hombro tolera carga sin provocar dolor agudo, se introduce el trabajo de fortalecimiento del manguito rotador con ejercicios isométricos e isotónicos controlados. Este es el núcleo del tratamiento: sin carga progresiva, el tendón no se adapta y la mejora no se consolida.

La fase final (la que más se salta) es la readaptación al gesto deportivo. El hombro puede estar bien en la vida cotidiana y seguir siendo incapaz de tolerar 90 minutos de smashes. La progresión hacia el gesto específico del pádel, primero a baja intensidad y con control técnico, es lo que cierra el proceso y reduce el riesgo de recaída.

El timing importa más de lo que parece

Si hay algo que diferencia los procesos de recuperación que van bien de los que se complican, es el tiempo transcurrido desde la primera señal hasta el inicio del tratamiento.

Una tendinopatía aguda abordada en las primeras semanas responde en cuatro a seis semanas de tratamiento. La misma lesión cronificada durante cuatro o cinco meses puede necesitar el doble de tiempo, y en algunos casos, el tendón nunca recupera completamente su estructura previa.

No hace falta abandonar el pádel para tratar el hombro. En muchos casos, se puede seguir jugando con las modificaciones adecuadas (menos volumen, evitar temporalmente los golpes por encima de la cabeza) mientras avanza el tratamiento. Esa decisión la toma el fisioterapeuta en función de cómo evoluciona el tejido, no siguiendo una regla genérica.

Lo que no tiene sentido es seguir jugando con dolor semana tras semana esperando que el cuerpo lo resuelva solo. A veces lo hace. Pero cuando no lo hace, el precio de haber esperado lo pagan los meses siguientes.

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