La jornada de cuartos de final en Bruselas caminaba de manera tranquila, amigable para prácticamente todos, con ambos cuadros sin excesivas complicaciones… hasta que aparecieron ellos, los nº1, y todo se torció.
Un debut muy difícil en la capital del chocolate, las patatas fritas, los gofres y los cuberdons, que recibió a Arturo Coello y a Agustín Tapia con un estadio a rebosar y con dos rivales que les iban a poner las cosas muy difíciles: Jon Sanz y ‘Coki’ Nieto.

Los dos españoles, una pareja llamada a «animar el cotarro», a agitar el árbol y provocar caos y confusión, mucho fuego cruzado, en octavos, cuartos y (ojalá) en semis, fueron dignos adversarios y llevaron a los ‘Golden Boys’ a forzar el tercer set. Les llevaron al límite.
Los dos primeros parciales fueron una guerra abierta sin concesión alguna, consiguiendo primero Coello y Tapia ponerse por delante más por apretar dientes y tirara bocajarro que por soltura y dominio, pues no consiguieron despegarse del madrileño y del navarro en ningún momento, teniendo que llegar al desempate para dar el primer paso del partido (7-6). Justo después, la respuesta de Jon y ‘Coki’ no se hizo esperar, y provocó emoción, sorpresa y también alegría en la grada, pues se iban a poder quedar un poco más a ver un partidazo.

Y es que Sanz y Nieto forzaron la máquina y siguieron corriendo y poniendo en aprietos a los nº1, menos rodados en competición que ellos (debutaron un día después) y a quienes los comienzos se les suelen atragantar, receta ya clásica. Esta vez no llegaron al desempate, pero casi, pues en un último giro de guion, un break permitía empatar la contienda y alargar la definición de la misma (5-7).
En el tercero, ya sin margen de error, el «modo apisonadora» de los hombres de negro sí que hizo sucumbir a sus adversarios; esta vez no dejaron tantas opciones y salieron a dominar y a hacer distancia, consiguiéndolo hacia el ecuador del parcial, cuando ya caminaban casi en solitario para acabar, con más fuerzas y claridad de ideas, sentenciando el partido ante dos rivales que se llevaron un merecidísimo aplauso por el desgaste realizado y el juego mostrado (7-6, 5-7 y 6-3).

Soberbio partidazo de Franco Stupaczuk y de Miguel Yanguas. Por primera vez se les vio funcionando al unísono, como un solo individuo, siendo capaces de acelerar el juego, pausarlo, cambiar constantemente la dirección de sus tiros y, sobre todo, ir a una con la táctica. Con el viento a favor, destrozaron la defensa de Lucas Campagnolo y Jairo Bautista en apenas una hora de juego (6-1 y 6-2).

Y si ellos volaron, Ale Galán y Fede Chingotto se pusieron directamente en órbita. Ascenso al espacio, directo y sin frenos, para el binomio hispanoargentino ante un Paquito Navarro y un Fran Guerrero que le pusieron ganas durante todo el partido, intención y pádel, pero que fueron incapaces casi de armar jugadas y conseguir puntos.
Se vieron superados en todas las facetas del juego y eran casi siempre ellos quienes recogían la pelota del suelo en su lado de la pista. Demasiada diferencia en la estadística para acabar con un 6-1 y 6-0.

Algo más de complicaciones sufrieron Juan Lebrón y Leo Augsburger ante una de las parejas nuevas que se han formado y que parece haber encajado a la perfección, Aimar Goñi y Edu Alonso. La diferencia tan grande de estilos entre ambos puso en muchos problemas a la dupla nº3 del ranking, que se las prometía felices por la diferencia en la clasificación pero que nunca terminó de soltarse.
Golpeaba el español y le secundaba el argentino, pero el martillo pilón de Goñi y la enorme movilidad y electricidad de Alonso daban su consecuente respuesta, lo que puso el partido en un tira y afloja constante que se resolvió únicamente con dos breaks, uno en la primera manga y el otro en la segunda, esenciales para que los de Agustín Gómez Silingo pisen un día más la pista belga (6-4 y 7-5).






