En una nueva edición de nuestros artículos de opinión, nos vamos hasta Valencia para conocer cómo ha visto el responsable de Pádel al Revés, Marcos Robles, lo que hemos dejado atrás de 2026.
Una opinión que tiene como eje central la necesidad de mayor organización de la competición y la competitividad que hay en el cuadro femenino, que está siendo muy abierto y también atractivo para los aficionados.
Os dejamos con su relato, que esperamos os guste. ¡Comentadnos qué os parece!

La primera mitad de la temporada 2026 deja una sensación curiosa: el pádel profesional nunca había tenido tanto escaparate, tantos países en el mapa ni tantos relatos abiertos, pero tampoco había sido tan evidente que el crecimiento necesita orden, descanso y una base más cuidada. Premier Padel gana músculo. El Cupra FIP Tour gana presencia. El pádel amateur sigue empujando desde abajo. Pero entre una cosa y otra aparece una pregunta incómoda: ¿está creciendo el pádel al mismo ritmo al que está madurando?
La élite masculina ya no vive solo de una pareja
Durante mucho tiempo, el circuito masculino se explicó casi siempre desde una misma referencia: Arturo Coello y Agustín Tapia. Y siguen ahí, claro. Llegan al parón con ocho títulos de Premier Padel en 2026 y con esa capacidad tan suya de convertir una final complicada en una demostración de autoridad.
Pero esta temporada también ha confirmado que el dominio ya no es un monólogo. Fede Chingotto y Ale Galán han sostenido la conversación como pocos. Han ganado seis títulos, han golpeado en momentos importantes y han conseguido que cada cruce grande tenga algo de examen real. No siempre ganan, pero casi siempre obligan a Coello y Tapia a jugar al límite.
Eso es una buena noticia para el circuito. El pádel necesita referentes, pero también necesita tensión competitiva. Si todo se reduce a esperar el siguiente título de los números uno, el relato se agota. Si cada torneo permite preguntarse quién manda de verdad esa semana, el producto crece.
La parte menos positiva es que el cuadro masculino sigue dependiendo demasiado de ese gran duelo. Hay parejas interesantes, proyectos nuevos y semanas con sorpresas, pero muchas veces la sensación es que la temporada se cuenta desde la misma cima. El reto para la segunda mitad no es solo ver quién acaba como número uno, sino cuántas parejas consiguen meterse de verdad en esa conversación.

El cuadro femenino está siendo el mejor relato del año
En el femenino, la temporada está dejando algo todavía más valioso: variedad con nivel. Paula Josemaría y Bea González firmaron una racha de cinco títulos consecutivos que cambió la energía del circuito. Delfi Brea y Gemma Triay reaccionaron después con victorias importantes, incluida Roma, Málaga y Pretoria. Ari Sánchez y Andrea Ustero han sido mucho más que una pareja de transición. Y Claudia Fernández y Martina Calvo han terminado de abrir una puerta que ya parecía entreabierta.
Lo de Martina Calvo en Londres, convirtiéndose con 18 años en la campeona más joven de la historia del principal circuito profesional, no es solo una anécdota bonita. Es una señal. El pádel femenino ya no se explica únicamente desde las parejas consolidadas; también desde una generación que llega con menos miedo, más físico y una naturalidad competitiva enorme.
Ahí está quizá lo mejor de esta primera mitad: el circuito femenino ha conseguido algo difícil, que cada torneo parezca conectado con el anterior sin ser una repetición. Hay rivalidades, cambios de dinámica, jóvenes que aprietan, veteranas que se adaptan y parejas que ganan de formas muy distintas.
Si hay una decepción, no está tanto en el nivel como en la dificultad de sostener proyectos largos. El calendario obliga a competir, viajar, rehacer parejas y sobrevivir a una exigencia constante. En ese contexto, construir una identidad estable es casi tan difícil como ganar un título.
Las sorpresas no son decorado
Martina Calvo y Claudia Fernández son la sorpresa más evidente, pero no la única. Fran Guerrero y Javi Leal estuvieron a un punto de ganar en Pretoria después de eliminar a parejas de primer nivel. Tamara Icardo y Claudia Jensen conquistaron Burdeos tras tumbar a las dos primeras cabezas de serie. Giulia Dal Pozzo llegó a una semifinal de Major en Roma, algo histórico para una jugadora italiana.
Estas historias importan porque rompen la sensación de circuito cerrado. El pádel profesional necesita que el aficionado pueda mirar más allá de los favoritos y encontrar nombres nuevos, estilos distintos y semanas inesperadas.
La sorpresa, bien entendida, no resta valor a los grandes. Al contrario: hace que ganar sea más difícil y, por tanto, más valioso.
Lo peor: un calendario que no siempre escucha al juego
El gran punto débil sigue siendo el calendario. No porque haya muchos torneos, sino porque a veces da la sensación de que el circuito corre más de lo que los cuerpos, los proyectos y el propio relato pueden asumir.
La temporada ha tenido paradas potentes, estrenos importantes como Pretoria y Londres, grandes plazas en España, Roma como Major de referencia y una expansión internacional evidente. Pero también ha tenido un Qatar Major aplazado y una acumulación de semanas que deja poco margen para respirar.
El problema no es solo físico. También es narrativo. Cuando todo sucede demasiado rápido, las victorias duran poco, las derrotas se analizan de pasada y el aficionado que no vive pegado al calendario se pierde. El pádel quiere ser global, pero para ser global no basta con estar en muchos sitios. Hay que construir una temporada fácil de seguir.

El Cupra FIP Tour ya no puede tratarse como segunda línea
El Cupra FIP Tour es una de las piezas más importantes del ecosistema, aunque muchas veces no reciba la atención que merece. Ahí se forman jugadores, se reparten puntos, se sostienen carreras y se mide de verdad la profundidad internacional del pádel.
El calendario habla por sí solo: torneos en Australia, India, Chile, Francia, España, Italia, Portugal, Egipto, Emiratos, Brasil, Hong Kong, Kenia, Lituania, Malasia y muchos otros destinos. FIP Platinum, Gold, Silver y Bronze ya no son etiquetas menores; son parte de la pirámide que permite que el pádel no sea únicamente una foto de las grandes finales.
Pero aquí también aparece una contradicción. El circuito crece, sí, pero muchos jugadores siguen compitiendo en condiciones durísimas: viajes caros, premios limitados, poca visibilidad y una dependencia enorme del ranking. Para el aficionado, el Cupra FIP Tour debería ser una puerta de entrada a nuevos nombres. Para el jugador, no debería ser una carrera de resistencia económica.
Si el pádel quiere una élite más amplia, tiene que cuidar mejor el camino hacia esa élite.
El amateur: el motor que no debe darse por hecho
Mientras arriba se habla de rankings, títulos y sedes internacionales, el pádel amateur sigue siendo el verdadero motor. La FIP habla de 38 millones de jugadores, 85.000 pistas y 27.000 clubes en todo el mundo. Son números enormes, pero conviene no quedarse solo en la foto bonita.
El crecimiento amateur trae oportunidades para clubes, marcas, entrenadores, escuelas y organizadores. También trae riesgos: precios altos, saturación de pistas, torneos mal estructurados, niveles mal medidos, demasiada improvisación y una experiencia de jugador que no siempre está a la altura del boom.
El pádel se ha hecho popular porque engancha rápido. Pero si quiere fidelizar, necesita algo más que pistas llenas. Necesita buenos clubes, monitores preparados, competición amateur ordenada, atención al jugador principiante y una relación más natural entre federaciones, circuitos privados y comunidad.
El amateur no es la base decorativa del profesional. Es el suelo que lo sostiene todo.
Lo mejor y lo peor de una temporada que pide madurez
Lo mejor de esta primera mitad es fácil de ver: más países, más historias, más competencia femenina, más rivalidad masculina y una pirámide internacional cada vez más amplia. El pádel está más vivo que nunca y ya no se puede explicar solo desde España y Argentina, aunque sigan siendo el corazón deportivo del circuito.
Lo peor también está claro: el crecimiento va por delante de algunas estructuras. El calendario necesita más coherencia. El Cupra FIP Tour necesita más visibilidad y mejores condiciones. El amateur necesita más cuidado. Y el aficionado necesita un relato menos acelerado.
El pádel no tiene un problema de interés. Tiene un problema de digestión. Todo pasa muy rápido, todo parece urgente y todo se vende como histórico. Pero no todo lo que ocurre en el pádel cambia el pádel.
La segunda mitad de la temporada dirá quién termina mandando en las pistas. Pero la pregunta de fondo es otra: si el pádel será capaz de convertir su crecimiento en una estructura más sólida, más justa y más fácil de seguir.
Porque el espectáculo ya lo tiene. Ahora le toca demostrar madurez.
