Un tipo extraordinario, querido y ejemplar. Quizá no ha sido a lo largo de su carrera el jugador más profesional y completo en cuanto a preparación y entrenamientos, pero siempre lo ha dejado todo y ha logrado lo que no todos consiguen: conectar con el público. Siempre.
Es una de las despedidas que duele por todo lo que deja atrás, porque ha sabido demostrar que el pádel va más allá de rankings, títulos y estadísticas. El pádel es el cariño de la gente, el respeto de compañeros y rivales y en eso, Miguel Lamperti es el nº1.
El «canoso» se retirará al término de 2026, la que será su última temporada en activo. Lo ha confirmado junto a su marca en las redes sociales y no cabe duda que el hueco que dejará será muy, muy difícil de llenar, porque si hay un jugador diferente, es él.

Una tristeza que a la vez es alegría, porque el bahiense es así, incluso cuando peor vienen dadas siempre tiene una sonrisa, una anécdota, un chiste o un comentario que te hace reír; porque cuando peor está en el partido y consigue uno de sus remates firma de la casa, él solo se viene arriba y conecta con el respetable. Porque él solo se sirve y se basta para enchufarse a un partido.
«El carisma hecho jugador», así le hemos definido durante mucho tiempo. Antes en la parte alta del ranking, ahora profesor de unos cuantos jugadores y ubicado en el puesto 88 del ranking, de andar medio cojo y con vaivenes pero con una transformación total cuando cruza la puerta del 20×10. Su «último baile» no estará exente de emoción y ojalá durante la temporada nos regale grandes momentos, se le otorgue el reconocimiento que merece y se le aplauda en los pabellones, porque no hay que olvidar la historia, de dónde venimos, y lo que él ha sufrido por el pádel.
Tanto en Argentina, con su madre siempre en la mente, como en Brasil con el accidente que casi corta su carrera en seco en 2005 cuando con su coche cayó por un barranco, lo que le provocó seis costillas rotas y un pulmón perforado, manteniéndolo fuera de las pistas durante seis meses, pero volviendo a nacer y a competir. Tras dominar el circuito argentino, aterrizó en España en 2006 para convertirse en una leyenda absoluta del Padel Pro Tour, el World Padel Tour y, finalmente, Premier Padel.
Junto a él siempre han estado grandes nombres que él mismo ha recordado una y varias veces porque, como él mismo ha mencionado «no fui el compañero más fácil de llevar» y eso puntuaba doble, porque jugar con Miguelito era un torbellino constante, un examen en cada bola, por aquello de ser un «alma libre en el apartado táctico». A su lado hemos visto a jugadores como Matías Díaz, Maxi Grabiel, Juani Mieres, Cristian Gutiérrez o ‘Tito’ Allemandi, pero también a otros más jóvenes a los que enseñó parte de su esencia como Jon Sanz, Daniel Santigosa, Juani De Pascual, ‘Coquito’ Zamora, Juani Rubini… o Arturo Coello.

En cuanto a títulos, a lo largo de su carrera consiguió diversos entorchados en el Padel Pro Tour (Salamanca, Granada, La Coruña, Palma de Mallorca…), también con la selección argentina, llegando a ser Campeón del Mundo (junto a Cristian Gutiérrez ganó el punto decisivo para Argentina ante Álvaro Cepero y Juan Lebrón (6-4 y 6-4)), y salió vencedor en el World Padel Tour de Mendoza así como en el Challenger de Getafe.
Este 2026, cada pabellón que visite será una ovación cerrada. Dicen que todo tiene un final pero lo que tenemos claro es que queremos escuchar una y otra vez cánticos de «¡Miguelito, Miguelito!» y que haya muchos «viernes de Lamperti».






