Que Valladolid es un torneo histórico lo sabemos, que el público siempre ha respondido a pesar del calor también, y que había ganas de ver la mejor final posible, también. Y la Plaza Mayor de Valladolid tendrá todo lo que ha pedido.
Espectáculo total de cara a este domingo con la finalísima deslumbrando en el centro de la ciudad, subiendo más si cabe la temperatura y pidiendo aplausos en casi cada punto. Habrá duelo en la cima, ¿qué más se puede pedir?

Pues récords, que también los habrá, y en los dos bandos. Si Arturo Coello y Agustín Tapia sacan pecho con su 25ª final consecutiva (unos registros estratosféricos), Ale Galán y Fede Chingotto igualan la apuesta con la número 50 del madrileño.
Eso sí, la manera de llegar a este domingo fue, sufrimiento mediante, bastante diferente.
El primer billete a la gran final tuvo un claro color local. Coello, espoleado por el calor de su público, firmó junto a un excelso Tapia una exhibición de efectividad y solvencia absoluta. Enfrente tenían a Juan Lebrón y Leo Augsburger, una dupla peligrosa que llegaba al choque con las piernas completamente frescas debido a la incomparecencia en cuartos de final de ‘Momo’ González y Lucas Campagnolo.

Sin embargo, el descanso acumulado por la pareja hispano-argentina no fue suficiente para frenar el ritmo de crucero de los números 1. Coello y Tapia saltaron al 20×10 en modo apisonadora: un break tempranero y un saque en blanco posterior colocaron rápidamente un 2-0 en el marcador. A partir de ahí, la consistencia en el servicio de los favoritos minimizó cualquier intento de rebelión por parte de Lebrón y Augsburger, cerrando la primera manga por 6-4.
En el segundo set, la tónica se mantuvo idéntica. El binomio Coello-Tapia continuó sin conceder fisuras, desarbolando el juego aéreo de Augsburger y la astucia de Lebrón. Con un juego sólido en las transiciones y una pegada incontestable en las condiciones rápidas de Valladolid, sellaron el definitivo 6-34 en apenas 57 minutos. Una victoria incontestable que catapulta a los ‘Golden Boys’ a su 25ª final consecutiva, una cifra de otra época.

Si la primera semifinal fue un camino de rosas para los favoritos, la segunda se convirtió en un auténtico ejercicio de supervivencia, drama y genialidad táctica. Los números 2 del circuito tuvieron que vaciarse por completo para derribar la resistencia de la gran sensación del torneo: Fran Guerrero y Javi Leal, quienes venían con la moral por las nubes tras apear en cuartos a los cuartos cabezas de serie, Stupaczuk y Yanguas.
Pronto saltaron las alarmas en el banquillo de los número dos. Federico Chingotto no mostraba sus niveles habituales de energía; visiblemente pálido y mermado físicamente, el argentino carecía de la explosividad defensiva que le caracteriza y cometía errores inusuales. Consciente de la situación, Ale Galán se multiplicó en la pista. El madrileño asumió un protagonismo colosal, abarcando una enorme cantidad de espacio y buscando tiros definitivos y veloces para acortar los intercambios. Gracias a esa exhibición imperial de Galán, la pareja logró adjudicarse el primer set por 6-4.

No obstante, Guerrero y Leal no se amedrentaron. Aprovechando con descaro y valentía el bajón físico de Chingotto, la joven pareja española desplegó un pádel agresivo, repleto de intensidad y precisión. En un abrir y cerrar de ojos, desarbolaron por completo a los favoritos en una segunda manga perfecta que dominaron de cabo a rabo, cerrándola con un contundente 1-6 que encendía la Plaza Mayor.
En el tercer y definitivo set emergió la mística de la pareja número dos. Tirando de oficio y demostrando que tienen «siete vidas», Galán y Chingotto reajustaron su estrategia. El ‘Súper Ratón’ sacó fuerzas de flaqueza para sostener el bloque, mientras Galán continuaba haciendo daño con sus tiros. Guerrero y Leal pelearon con el corazón en cada bola, pero la experiencia en los momentos de máxima tensión decantó la balanza. ‘Chingalán’ logró quebrar en el instante decisivo y abrochó la victoria con el 6-4, 1-6 y 6-3 definitivo.






