Llegamos al ecuador de la temporada, a la mitad del curso deportivo, y conviene hacer una pequeña retrospectiva de lo que han sido los primeros 6-7 meses del pádel en 2026, un pequeño recuerdo para no olvidarnos de lo mejor, pero tampoco de lo peor.
A lo largo de estas semanas iremos palpando la opinión de diferentes actores y actrices del universo pádel, en concreto periodistas o creadores de contenido que día a día están inmersos en la actualidad del deporte de la pala y que son, por ello, voces más que autorizadas para opinar sobre lo que nos ha dejado la primera parte de la temporada.
Empezamos, como es lógico, por quien suscribe las noticias en nuestro medio, Álvaro López, máximo responsable de nuestro periódico, PadelSpain, quien nos ha dejado esta opinión de cómo ha visto el pádel tanto a nivel profesional como amateur.

2026, una temporada con bastantes altibajos y un rumbo muy cambiante
Este año nos ha dejado, en lo que llevamos, unos cuantos titulares, no todos positivos, así como momentos brillantes y otros que aunque repasaré, no han sido desde luego para ensalzar.
Una primera mitad de año que, a nivel deportivo, abría con nuevas parejas y el desmembramiento de Ari Sánchez y Paula Josemaría (una con Andrea Ustero y la otra con Bea González) para abrir más si cabe el abanico en los cuadros femeninos, habiéndolas visto ya competir en contra, algo que nos ha chocado pero a lo que poco a poco nos acostumbramos. Hemos visto también el despegue paulatino de otros como Juan Lebrón y Leo Augsburger, con sus más y sus menos entre el andaluz y el, hasta hace muy poco, tóxico (por decirlo de manera suave) representante del argentino.

Nombres propios que se han ido mostrando y que tendríamos que tener muy en cuenta como los de Aimar Goñi, Maxi Arce, Giulia Dal Pozzo, más recientemente Javi Leal y Fran Guerrero y otros como los de Miguel Lamperti o Alejandra Salazar, a los que siempre recordaremos, y que están en su etapa más «disfrutona» del pádel, pensando más en vivir cada partido al máximo que en los puntos o los títulos.
No por ello hemos de olvidarnos de Arturo Coello y Agustín Tapia, que rigen con mano de hierro el circuito pero que tienen en Ale Galán y en Fede Chingotto a dos competidores sublimes. Dos parejas llamadas a marcar una época por lo difícil que es jugarles (no digamos ya ganarles) y que cuando están en su pico de forma, son una delicia y que, precisamente por esa rivalidad que tienen, se obligan a mejorar constantemente.
Una primera mitad de temporada que ha tenido grandes anuncios como el de la llegada a Pretoria o Londres, la celebración de los Juegos Universitarios o su presencia en los Juegos Mediterráneos y en los Juegos Sudamericanos, y la llegada de aire fresco a la Federación Española de Pádel, que parece estar dando pasos sobre seguro para volver a ser fuerte a nivel internacional, reordenándose internamente y consiguiendo una mayor y mejor visibilidad de sus acciones, todo ello dirigido por el nuevo presidente, Don Javier Rodríguez Piris.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y a estas noticias buenas hay que contraponer los cambios que se produjeron en la reglamentación de pádel allá por el mes de junio y que, aunque muy solicitadas, se introdujeron sin votación alguna, por orden y mando de la FIP y su presidente, Luigi Carraro, o el anuncio de las Hexagon World Series, un circuito por equipos que se supone iba a tener cuatro o cinco pruebas este año pero del que todavía se desconocen más detalles en cuanto a calendario.

También están siendo muy comentados últimamente los errores arbitrales, cada vez más constantes (que se lo digan si no a Jana Montes o a Nuria Rodríguez). Y es que en muchas ocasiones, el nivel de los jueces-árbitros no está a la altura de lo que ya supone este deporte y esa es una queja recurrente de los jugadores, que ven una bola buena o mala, dependiendo, y siempre tienden a pedirla porque saben que la decisión del vídeo arbitraje puede favorecerles con respecto a lo que se ha cantado inicialmente desde la silla, si bien normalmente las tomas de cámara que existen no son las mejores.
Todo ello, entre constantes cambios de parejas (los que nos quedan aún esta temporada…), vueltas que esperamos con ganas (la de Pablo Cardona o Diego Gil por dar dos ejemplos) y un futuro que pinta brillante pero que sigue necesitando una organización y estructuración más coherente. El pádel a nivel profesional mueve mucho, pero también tiene todavía mucho por mejorar y, a nivel amateur y federado, también necesita cambios, sobre todo tiempo, para poder trabajar en estructuras que permitan un desarrollo coherente desde la base, el crecimiento de los jugadores y que haya más oportunidades; que el CUPRA FIP TOUR se reestructure con cabeza y sea, de verdad, un circuito lanzadera para llegar a la élite, que se den más ayudas a los jugadores/as de abajo que tienen que desplazarse sin tantos apoyos como los de arriba y que, obviamente, el pádel siga ganando adeptos en todos los rincones del mundo.
