En un lugar de dioses, diosas, héroes y enorme mitología, la gran final del primer Major de la temporada no podía eludir esa épica. Un partido digno del lugar en el que se jugaba, un escenario idílico de grandes gestas y hazañas a veces imposibles. El Campo Centrale de Roma se transformó en un coliseo romano del siglo XXI para albergar el «Superclásico» del pádel mundial.
Y los protagonistas no podían ser otros que los que, hoy por hoy y libra por libra, son los cuatro mejores jugadores del ranking: Arturo Coello y Agustín Tapia por un lado, y Ale Galán y Fede Chingotto por el otro. Eso sí, viniendo con dos dinámicas muy distintas.

Porque los nº1 llegaban tras perder no una, ni dos, sino cuatro finales consecutivas ante sus archienemigos y eso, a nivel mental, se nota quieras o no, pero también es cierto que si por algo se han caracterizado siempre Ale y Agus es por saber centrarse en lo deportivo, morder, llevar al partido a su terreno y ser capaces de cortar cualquier racha negativa.
El partido entre los cuatro fue igualadísimo, lejos del registro marcado en Buenos Aires hace unas semanas, muestra de que Arturo y Agustín se habían preparado la táctica, querían cerrar la herida y, sobre todo, volver a demostrar por qué son los líderes del ranking. En esas, el partido cobró una intensidad y ofreció un desgaste y una precisión exultantes.
Arturo Coello, colosal desde la altura, gobernó el juego aéreo pero Ale Galán era sin duda el más activo, buscando siempre la red sabiendo que por detrás, su compañero barría la jugada y proponía siempre con acierto. Así el choque fue cobrando más ritmo sin que ninguna pareja cediese su servicio, hasta que en el tramo final, Coello y Tapia subieron la presión, asfixiando el servicio rival, y eso les valió para cobrarse un break de ventaja que iba a ser esencial (7-5).
Una oportunidad perdida para unos y un paso enorme para los otros, porque en duelos de semejante igualdad, cualquier ventaja vale oro.

La salida del segundo fue, para los nº1, en tromba total, poniéndose 2-0 y noqueando aparentemente a los de Jorge Martínez; sin embargo, estos se rehicieron, fueron capaces de tapar las vías de agua (3-2) y volver a ajustar su juego. Todo se mantuvo sin novedad, golpeándose mutuamente, hasta que con 5-4 y saque para el binomio naranja, Ale y Fede quebraron, empataron la contienda (5-5) y acto seguido mantuvieron la presión para adelantarse (5-6).
Su saque, que podría haber resultado decisivo para empatar el partido, resultó inoperante, pues se lo robó un majestuoso Coello que defendió como un titán y un Tapia que, aunque a cuentagotas, sacaba a pasear una visión de los ángulos majestuosa (6-6).

Se lamentaban unos y se animaban los otros ante la batalla que estaba por venir. Había que hilar muy, muy fino. Silencio sepulcral en el Foro Itálico, nervios a flor de piel, minibreaks, grandes recuperaciones y mucha batalla. En el tramo final, la dupla hispanoargentina comandada por Gustavo Pratto aprovecharon un par de imprecisiones de Galán en la definición para terminar venciendo y recuperando la senda de los títulos (7-5 y 7-6).

Coello se dejó caer, exhausto y gritando de alegría y rabia contenida, llevándose las manos al rostro en un gesto de pura liberación mientras su compañero lo abrazaba en medio de la ovación del público.
Roma dictó sentencia, pero la batalla continúa, ya sin tiempo para el descanso, pues en el horizonte está la cita de Valencia, que ya ha comenzado.





