Hay ciudades que marcan carreras. Y hay carreras que terminan formando parte de la historia de una ciudad. En el pádel femenino, pocas relaciones son tan especiales como la que han construido Alejandra Salazar y Valladolid.
Este 2026, Valladolid celebra dos décadas acogiendo pádel profesional. Veinte años de partidos inolvidables, de campeonas legendarias y de una afición que ha convertido la Plaza Mayor en uno de los escenarios más icónicos del deporte. Pero esta edición tendrá un componente emocional imposible de ignorar: será el último torneo de Alejandra Salazar en la ciudad antes de su retirada.

La historia de Alejandra en Valladolid comenzó a escribirse hace muchos años. En 2009 conquistó allí su primer título junto a Carolina Navarro, un triunfo que supuso uno de los grandes pasos en una trayectoria que acabaría convirtiéndola en una de las mejores jugadoras de todos los tiempos. Aquel trofeo fue el inicio de un vínculo que crecería con el paso de las temporadas.
Pero Valladolid no solo fue escenario de sus alegrías. También le mostró la cara más dura del deporte. En 2017 sufrió allí una de las lesiones más graves de su carrera, la rotura del ligamento cruzado que puso a prueba su fortaleza física y mental. Fueron momentos difíciles para una jugadora acostumbrada a luchar por los títulos, pero también una demostración de la resiliencia que siempre ha caracterizado a Alejandra. Porque donde otros habrían visto un final, ella encontró un nuevo comienzo.

Y regresó. Vaya si regresó. Volvió para ganar. Volvió para demostrar por qué es una leyenda. Primero levantó de nuevo el trofeo junto a Ari Sánchez dos años después de su lesión y, posteriormente, conquistó Valladolid de manera consecutiva en 2021 y 2022 formando una de las parejas más dominantes de la historia junto a Gemma Triay. Cada victoria añadía un nuevo capítulo a una relación que parecía destinada a trascender los resultados.
El reconocimiento de Valladolid a su figura quedó reflejado en 2025, cuando una de las gradas del torneo llevó su nombre. Un homenaje reservado para quienes dejan huella mucho más allá de los títulos. Porque Alejandra no solo ha ganado partidos en Valladolid; ha ayudado a construir la historia del torneo y a engrandecer el pádel femenino en uno de sus escenarios más emblemáticos.

Ahora llega el momento más difícil. El de la despedida. El de ver por última vez a Alejandra Salazar competir en una ciudad que ha sido testigo de sus éxitos, de sus caídas y de sus resurrecciones deportivas. Veinte años de torneo profesional y una leyenda diciendo adiós. Quizá sea una coincidencia. Quizá sea el destino.
Lo que está claro es que cuando Alejandra pise la pista de Valladolid por última vez, no será solo una jugadora disputando un partido. Será una parte de la historia del pádel cerrando un círculo perfecto. Y cuando llegue ese momento, será imposible no emocionarse.
Porque algunas historias no terminan cuando se juega la última bola. Algunas historias permanecen para siempre. Y la de Alejandra Salazar y Valladolid es una de ellas.





