París volvió a vestirse de gala para recibir al mejor pádel del mundo. La Philippe-Chatrier, abarrotada, fue de nuevo testigo de una final que ya se ha convertido en un clásico y que esta vez tenía, además, el número uno de la Race en juego.

Ale Galán y Fede Chingotto podían salir de Roland Garros como líderes si levantaban el título, pero Arturo Coello y Agustín Tapia tenían otros planes. Los números uno volvieron a reinar por cuarto año consecutivo en París, derrotando a sus grandes rivales por 6-3, 4-6 y 7-6 en dos horas de una final que tuvo prácticamente de todo. Y es que contra Coello y Tapia hay una regla no escrita: nunca se puede dar nada por hecho.
El primer set fue un pulso de máxima igualdad. Galán y Chingotto tuvieron sus oportunidades para romper el servicio de los números uno, pero no encontraron la forma de convertirlas. Coello y Tapia, en cambio, no perdonaron cuando llegó su momento. En el octavo juego apareció el break que desniveló la balanza y que posteriormente consolidaron con su saque para llevarse la manga por 6-3.
El juego aéreo fue protagonista, con los globos convirtiéndose en una pieza fundamental para tratar de desactivar a un Ale Galán que cuando puede tomar altura se convierte en un problema de dimensiones extraordinarias. Había que jugar por arriba, pero hacerlo con una precisión quirúrgica.

La segunda manga mantuvo el nivel de una final de Major. Nadie quería ceder un centímetro y Galán y Chingotto fueron creciendo con el paso de los minutos. Los de Jorge Martínez entendieron que todavía había partido y esperaron hasta el último momento para encontrar el golpe. Break en el décimo juego y 4-6 para los números dos. La Philippe-Chatrier enloqueció. El público francés entendía que aquello no era una final cualquiera y que todavía quedaba la parte más peligrosa del viaje. París tenía un partido de tres sets y el título se decidiría en territorio de nadie.
Y entonces Galán y Chingotto parecieron tenerlo todo en sus manos. Los números dos salieron disparados en el tercer set y acorralaron a Coello y Tapia, que durante muchos minutos parecían no encontrar la salida. Arturo estaba errático, Tapia desactivado y enfrente la pareja de Jorge Martínez olía la oportunidad. Break nada más comenzar y una ventaja que llegó hasta el 0-3 y luego al 5-2. Tenían incluso la posibilidad de cerrar el encuentro al resto y, después, con su propio servicio. Pero no hubo manera.

Porque si hay algo que define a Coello y Tapia es su capacidad para aparecer cuando el partido parece haberse escapado. Resurgieron de las cenizas como el ave fénix. Empezaron a recuperar terreno, a encadenar juegos y a devolver cada golpe con una contundencia que parecía perdida. Galán y Chingotto vieron cómo aquel 5-2 se convertía en una amenaza que ya estaba llamando a su puerta. Las dudas comenzaron a asomar justo cuando menos podían permitírselas y los números uno aprovecharon cada grieta para forzar el ‘tie break’ definitivo.

Y ahí, cuando ya no quedaba espacio para esconderse, Coello y Tapia fueron letales. Las dudas de Galán y Chingotto sobre lo que pudo ser y finalmente no fue alimentaron a una pareja que pocas alas necesita cuando decide volar. El desempate cayó del lado de los campeones y con él llegó otro título para los números uno, que vuelven a poner tierra de por medio en la pelea por el número 1 y mantienen intacto su dominio parisino.

Para Fede Chingotto, París vuelve a dejar una sensación agridulce: ha disputado todas las finales del torneo y nunca ha conseguido ganar. Para Galán y Chingotto queda el consuelo de haber tenido el título al alcance de la mano y haber llevado a los números uno hasta el límite. Para Coello y Tapia, en cambio, queda otra corona, otro Major y otra demostración de supervivencia. Cuatro años, cuatro títulos en París. Roland Garros ya parece tener una pareja que, cuando pisa su tierra, se niega a dejar de ser campeona.





