Las palabras de la jugadora Sofía Saiz, ranking 52 del mundo, en redes sociales han vuelto a poner sobre la mesa un debate que desde hace tiempo circula entre muchas jugadoras del circuito: el sistema de puntuación actual no termina de premiar de forma justa el rendimiento en el circuito profesional de Premier Padel.
La crítica principal tiene bastante sentido si se analiza el camino que deben recorrer muchas parejas fuera de las cabezas de serie. En Premier Padel, numerosas jugadoras tienen que disputar primero fases previas extremadamente exigentes para acceder al cuadro principal. Y una vez dentro, el premio suele ser cruzarse rápidamente con una de las parejas top del ranking, reduciendo enormemente las posibilidades de avanzar rondas y, por tanto, sumar puntos importantes.
Sin embargo, el escenario cambia en los torneos del CUPRA FIP Tour. Allí, el nivel medio suele ser inferior y el acceso a rondas finales resulta, en teoría, más asequible para determinadas parejas. El problema que muchas jugadoras denuncian es que esos buenos resultados en pruebas menores pueden acabar otorgando una cantidad de puntos muy beneficiosa de cara al ranking, incluso más rentable que competir en un Premier Padel con un cuadro mucho más duro.
Además, existe otro factor que alimenta todavía más la polémica: la participación en esos torneos FIP no está restringida. Eso permite que parejas situadas en la parte alta del ranking también participen en estas pruebas para sumar puntos ‘más accesibles’, reforzando todavía más su posición y dificultando el crecimiento de las jugadoras que intentan abrirse camino desde abajo. Y no solo en el femenino, lo mismo ocurre en el cuadro masculino, en el que también muchos jugadores han alzado la voz respecto a este tema.
Por eso, las reflexiones de Sofía Saiz no son un caso aislado. Cada vez son más las voces dentro del pádel profesional que consideran necesario revisar el sistema de puntuación para encontrar un equilibrio más justo entre la dificultad real de los torneos y la recompensa obtenida. Porque hoy, para muchas jugadoras, la sensación es clara: competir en el circuito más duro del mundo no siempre es lo que más compensa en términos de ranking.





